Objeto & Edición

En un mundo definido por el cosmopolitismo, la globalización y la heterogeneidad estética, la creciente importancia del llamado diseño industrial y su capacidad de adaptación a diferentes soportes y lenguajes resultan insoslayables. Sin embargo, y a diferencia de lo que ocurriera a principios del pasado siglo, en nuestros días el diseño ya no se concibe, desde la utopía o el mesianismo del creador, como la herramienta clave en la reformulación de las estructuras sociales y económicas, sino más bien como el común denominador de toda producción humana y, por tanto, uno de los más potentes vehículos de expresión estética y conceptual. El diseño ya no aspira a cambiar el mundo, pero lo informa, atendiendo a la comprensión de las múltiples particularidades de cada sociedad, efímeras y locales, imbricadas en una red global repleta de convergencias y divergencias. Superada la ficticia barrera que lo alejaba del arte -de la ilusión del “gran arte” que pervivió, durante siglos, en el inconsciente colectivo- el diseño industrial contribuye hoy a generar nuevos espacios ajenos a la retórica de los tradicionales recintos expositivos, y es por eso que constituye uno de los pilares que sustenta la experimentación formal en Factoría.